4 de noviembre de 2009

Upstart

Una pequeña nota para enlazar a este magnífico artículo sobre upstart. Es uno de esos cambios que se ha hecho poquito a poco y sin que la mayoría de gente nos enteremos de qué es y como funciona; en ese artículo lo explican con maestría.

2 de noviembre de 2009

Tiendas de aplicaciones: El panorama linuxero

Despues de escribir sobre la posible generalización de las tiendas de aplicaciones en todas las plataformas debido a sus ventajas económicas, solo queda examinar cómo se enfrente Linux a este fenómeno.

Mucha gente ha dicho, yo tambien, que las App Stores son una imitación de los sistemas de gestión de paquetes de Linux como APT y Yum. Hay que reconocer que, en gran medida, son exactamente eso. Ubuntu lleva ya un tiempo con una aplicación gráfica donde el usuario puede instalar miles y miles de aplicaciones a golpe de click.

Al ser, además, parte integral del sistema, tambien gestionan las actualizaciones no solo de las aplicaciones sino del software del propio sistema. Eso hace, entre otras cosas, que las actualizaciones entre versiones de una distro sean -en mi opinión- mucho más fiables que en otras plataformas, que sin bien pueden actualizar entre versiones sin demasiados problemas, lo hacen a ciegas, blandiendo la espada y dejando que Dios reconozca a los suyos. En una actualización importante de una distro Linux puedes tener un problema de dependencias debido, por ejemplo, a algún paquete instalado a mano. O a un paquete rebelde de algún repositorio no prioritario. O cualquier otro problema. Pero eso tambien forma parte del concepto de fiabilidad: Hay un problema y el sistema te lo señala claramente, y te dificulta y hasta prohibe actualizar hasta que no lo resuelvas; intenta, en resumen, impedir que el sistema entre en un estado indefinido, trata de evitar el problema antes de que ocurra. Hay gente que maldice los gestores de paquetes de Linux y su sistema de dependencias, pero no se dan cuenta de los problemas posteriores que evitan.

Hay muchas razones para amar nuestros gestores de paquetes; suponen un adelanto de 10 años (apt 0.0.1 nació el 31 de Marzo de 1998) al App Store de Apple. Durante este tiempo han supuesto un inconveniente para la distribución de software a base de programas individuales, pero si el modelo de los repositorios se generalizara, sería algo del pasado. Seríamos, por tanto, unos pioneros en el tema.

Sin embargo, no todo es tan bonito. El App Store es algo más que un mero repositorio. Como decía en el artículo anterior, en realidad es un supermercado que permite ejercer los mecanismos de oferta y demanda. Es un lugar virtual para ofrecer productos y pagar cómodamente por ellos. Los sistemas como APT son ajenos a eso, no se pueden comprar ni vender aplicaciones, no son un mercado, y por lo tanto los programadores no tendrán ningún incentivo para poner programas de pago en ellos, tendrían que construirse su sistema anticopia y de cobro online.

La cuestión, claro, es si Linux quiere o debe crear un mercado de aplicaciones. Choca frontalmente con el concepto de software libre. Desde ese punto de vista, APT no necesita ni permitir cobrar ni permitir vender aplicaciones. Además, aunque se permitiera la existencia de ofertas comerciales, la orientación del software libre tiende a reemplazar toda oferta comercial con alternativas libre, asi que quedarían pocos resquicios para construir aplicaciones por las que la gente esté dispuesta a pagar dinero. Asi que Linux en principio no necesita tal sistema...para pagar por aplicaciones.

Otra cuestión es la de pagar por otros servicios, como video, música, o cualquier otra cosa. Si la compraventa tiene dificultades en Internet, y si la solución es crear un sistema que permita a la gente pagar/cobrar dinero de/a su cuenta fácilmente, la ausencia de tal sistema para Linux supone una desventaja que solo una empresa basada en web 2.0 y protocolos abiertos, como google, podría suplir.

Un detalle importante que Linux puede aprender de las tiendas de aplicaciones es la barrera de entrada. En la App Store, un desarrollador puede registrarse, pagar su cuota de 99$ y subir su aplicación en relativamente poco tiempo; tras una revisión, Apple decide si la incluye, si hay algún problema serio con ella no la acepta o la borra cuando lo detecta. El proceso es relativamente sencillo. Sin embargo, para poder incluir una aplicación en un repositorio como los de Ubuntu o Debian hay que convertirse en desarrollador de la distro y atravesar un intrincado laberinto de burocracia. No se diferencian a los mantenedores de la distro y a los que quieren subir y mantener una pequeña aplicación, aunque ésta sea libre. Esto desalienta que, por ejemplo, alguien de Facebook suba y mantenga un programa para acceder a su página, o que un desarrollador de cierta aplicación libre suba y mantenga su aplicación en los repositorios de Ubuntu o Debian: siempre hay que esperar a que lo haga un mantenedor.

Tal vez fuera útil que las distros como Ubuntu y Debian concibieran una nueva clase de colaborador, un colaborador que no pretende ser desarrollador de la distro sino mero mantenedor de un pequeño programa, que pueda empezar a hacerlo fácil, casi automáticamente, que todo lo que haga no pueda afectar más que a su paquete, que haya un sistema para borrar su aplicación si su programa comete alguna infracción. Los repositorios PPA de Ubuntu son un gran paso en ese sentido, pero quizás haga falta algo más.

29 de octubre de 2009

Tiendas de aplicaciones: "¡Es la economía, imbécil!" (dos de tres)

En el post anterior decía que debía ser muy ventajoso para los programadores de iPhone disponer de algo como el App Store que les alivie la carga de la distribución y el cobro de sus programas. Aunque registrarse como desarrollador de iPhone cuesta 99$ por año -que no es poco-, el darlo todo hecho ha facilitado que hordas de desarrolladores se hayan animado a unirse a la tienda. Si esos mismos programadores tuvieran que molestarse en mantener por ellos mismos todo lo que la App Store les da hecho quizás no programarían nada. Muy pocas personas se molestarían en dar su número de tarjeta de crédito en una web perdida para comprar una mísera aplicación de, pongamos, 3.99$. Pero en el iPhone es mucho más fácil conseguir compradores, y eso anima a muchos programadores -que, recordemos, también pueden ser empresas- a probar suerte.

La sociedad siempre acude en masa al mercado en el que se puede ofrecer y demandar cosas tranquilamente; nada puede evitar que los compradores hagan ofertas por las cosas que desean poseer, y siempre habrá productores que intentarán satisfacerlos para enriquecerse. En Internet sin embargo hay una serie de barreras que impiden que los consumidores puedan ofrecer cómodamente su dinero, y pedirlo los productores. Existe el cobro contra reembolso, existe el cobro a una tarjeta de crédito, existe el pago previo a una cuenta bancaria, pero excepto en casos particulares y cosas como Paypal, ninguna ha calado como verdadera alternativa virtual de intercambio de bienes y servicios por dinero.

Se oye con frecuencia que en Internet las cosas son gratis, y que así es como seguirá siendo, porque es lo que pide la gente, y a cada idea útil de pago le saldrá siempre una alternativa gratuita que la echará abajo. Que las cosas han de financiarse como mucho con anuncios. Se trata de afirmaciones cuya falsedad será demostrada -en mi opinión, y para bien o para mal- con el tiempo. Internet no es menos propicio para los negocios que la tienda de la esquina, más bien se trata de que aun no disponemos de un sistema cómodo para hacer transacciones comerciales, y recurrimos a los anuncios como alternativa-para-todo.

Mucha gente aun se sorprende de que los usuarios de iTunes/iPod paguen por la...¡música!, que a pesar del aumento de la velocidad de las líneas de conexión y disminución proporcional del tiempo necesario para bajarse un álbum (la discografía de Joan Manuel Serrat completa, que son una cantidad horripilante de discos, ocupa 2.54 GB, la mitad que un DVD), de las mejoras alucinantes en tecnología P2P y de la expansión de los sitios de descarga directa, las ventas de esa tienda no hayan sino aumentado. No se debe más que a la creación de un mercado, a que Apple ha facilitado, en la medida de lo posible, el pago por Internet. Una vez introducida la información de la cuenta bancaria, el usuario pasa a tener una interfaz donde se le ofrecen varias cosas, se informa de su precio y se permite comprarla a golpe de clic.

Los usuarios de iTunes -o de otras tiendas- que compran música no lo hacen porque Steve Jobs les haya lavado la cabeza o porque sean unos ricachones, lo hacen porque pueden, porque se les hace una oferta y se les ha facilitado poder responder a ella. Y si gran parte del resto de Internet no paga ni un céntimo por su música -o por las noticias de su periódico- no es porque deseen que "todo sea gratis" -¡obviamente, todos querríamos que todo en este mundo fuera gratis!-, sino porque nadie les ha dado oportunidad de hacer una pequeña oferta por conseguirlo a cambio de algo. Quieren disfrutar de las ventajas de bajarse música por Internet, pero se les ha dificultado enormemente pagar por ello, se les incita a recurrir al intercambio P2P (que por otra parte no tiene nada de malo, en mi opinión).

En el caso de App Store, no solo se facilita al usuario la compra, sino que se le facilita al programador la venta. El App Store es un gran centro comercial, y no metafóricamente sino en el sentido literal, en el que la oferta y la demanda reinan con casi absoluta libertad. Los programadores colocan sus aplicaciones en los estantes, suben o bajan los precios durante un par de semanas para observar si las variaciones en la demanda mejoran las ganancias, algunos de quienes no sean capaces de obtener más del 99$ por año que cuesta la suscripción probablemente acaben retirándose de su estante, los consumidores gastan el dinero a su antojo. Un verdadero centro comercial, de comercio de aplicaciones por las que la gente está dispuesta a pagar determinados precios.

Gran parte de la explosión de actividad en la App Store se origina por estos motivos (no toda obviamente: hay muchísimas aplicaciones gratuitas). Al mismo tiempo, esto convierte a Apple en el poseedor de una de las bases de datos más codiciables de Internet. No existe ninguna otra empresa que posea una lista de clientes y sus cuentas de banco más extensa, ni un centro comercial mejor acondicionado que iTunes. Lejos de la imagen de vendedor de hardware, Apple posee uno de los grandes valores de Internet. A día de hoy venden música, películas, y ofrecen estantes a los programadores de aplicaciones para iPhone, pero eventualmente puede ser extendido a la compraventa de cualquier producto digital. ¿Por qué no iba a ser el próximo paso la compraventa de aplicaciones para toda la gama Mac? Creo firmemente que eventualmente Apple lo hará. "Yo también sé jugarme la boca".

El próximo y último artículo sobre tiendas de aplicaciones se titulará: "Tiendas de Aplicaciones: El panorama linuxero".